RESEÑAS DE LIBROS PUBLICADOS

AGUILAR, M. Ángel y otros: Cáceres (2010) Segovia. Artec Ediciones.

Publicación de carácter institucional que debieron patrocinar los ayuntamientos de las ciudades españolas que eran “Patrimonio de la Humanidad” en el año 2010; y que ha aprovechado el actual Ayuntamiento de esta ciudad para subrayar la conmemoración del “XXV Aniversario de la inclusión de Cáceres en la Lista del Patrimonio Mundial” por parte de la UNESCO; evento que tuvo lugar a lo largo de varios días, desde el 25 de noviembre, coincidiendo con los acontecimientos de 1986, cuyo Alcalde y concejales recibieron esta singular publicación como obsequio y reconocimiento por aquella labor de entonces.
Sobre nuestra ciudad y su riqueza patrimonial se han publicado ya numerosos y notables libros, guías, estudios y apologías literarias con fotografías de relevantes artistas, como Múñez, Koldo Chamorro o Valentín Javier, y textos explicativos de más inspirados escritores que los que firman aquí. Lo cual haría innecesario adquirir o aprovechar ediciones de valor bastante inferior, editados fuera, para resaltar este importante Aniversario.
El presente volumen aparece, formalmente, bien presentado y diseñado – aunque no llegue al lujo y elegancia de libros anteriores – con una serie de perspectivas sobre motivos urbanos cacereños ya excesivamente manidas y repetidas; que, incluso dentro del mismo libro, se iteran y reproducen con innecesaria insistencia.
Motivos como las torres de “Los Púlpitos”, la de “Bujaco” o la de la iglesia de Santa María, aparecen reduplicados cuatro o cinco veces. Al palacio “Toledo-Moctezuma”, al caserón solariego de los Mayoralgo o al de los Gofines, les ocurre lo mismo. Pero, en cambio, muchos y bellos rincones y detalles del Casco Histórico, de sus callejuelas o de sus interiores, no aparecen en ninguna de sus páginas ; lo mismo que ocurre con los nuevos motivos de atracción histórico-artística descubiertos y rehabilitados recientemente, a los que ni siquiera se les cita.
Con relación a los textos escritos – aparte de los consabidos “Presentación” o “Introducción” del Director General de la UNESCO y de un Catedrático de Sociología, que responden al carácter institucional de la publicación – en ellos se reiteran de nuevo los tópicos y lugares comunes que ya vienen exaltados en los numerosos volúmenes que tratan sobre Cáceres. Aunque, en éste que ahora reseñamos, incurriendo en notables errores, difíciles de comprender. La “medievalidad” de su ambiente urbano; la nobleza y espíritu rebelde de sus antiguos vecinos; el simbolismo de las cigüeñas volando sobre torres y espadañas…. etc.
El primero de estos textos, debido a la experta pluma de Miguel Ángel Aguilar, se apoya con acierto en viejas referencias al “Viage” de Antonio Ponz, o en versos y poemas de Santa Teresa de Jesús, de Jorge Manrique, de Gerardo Diego y de otros poetas a los que enlaza con las bellezas de Cáceres. Pero, en la segunda parte, los escritos de Teófilo González o de José María Bermejo, ya no se acoplan bien con las fotografías y paisajes a los que quieren explicitar.
Incluso los “pies de foto” – que se sitúan, en este caso, en la parte superior de las imágenes – confunden al posible lector, cuando no le dejan “sin pena ni gloria” con relación a lo que está viendo.
Gran cantidad de estos “pies” de cada ilustración se limitan a decir lo que se ve; sin mayor misterio: “Viejas callejuelas”, “Piedra y agua”, “Cal sobre piedra”, “Luces y sombras”… Y muchos tópicos que se han repetido y prodigado con machacona insistencia en los numerosos libros, ensayos, elucubraciones literarias o históricas que se han escrito y publicado sobre la sufrida ciudad…. O sobre sus santos, procesiones, Cristos, Vírgenes y otros recursos de índole mística, que también han sido ya motivos para rellenar páginas y páginas de escasísima originalidad.
Sobran muchas fotos del mismo argumento; perspectivas urbanas repetidas y no comentadas. Sobran escudos armeros o motivos nobiliarios a los que no se da explicación ninguna. Faltan, en cambio, referencias puntuales a muchos monumentos y rincones recientemente descubiertos y rehabilitados, que demostrarían el interés que en Cáceres se tiene por su Patrimonio Histórico y Artístico.
Faltan visiones interiores de los numerosos museos con los que hoy cuenta la ciudad. Instalaciones para actividades escénicas, palacios de congresos, reparaciones y mejoras realizadas a raíz de la declaración como “Patrimonio de la Humanidad”, que son las que realmente justifican y dan sentido a esta celebración del “XXV Aniversario”; demostrando que no es una celebración inútil ya que puede ser tomada como punto de arranque para otro nuevo período de cinco lustros.
MCQ.

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VAZ-ROMERO NIETO, Manuel: Manuel Veiga López. Un afán de transformación social. (2011) Cáceres. Inst. Cult. “El Brocense” Diputación Provincial.

Libro de memorias y recuerdos de este conocido y popular político socialista – cacereño de adopción – redactado por el prolífico autor Manual Vaz-Romero; que, como en sus numerosísimos libros anteriores, vuelve a remarcar su peculiar estilo de prosa recargada y barroca, en la que las palabras adoptan significaciones muy diversas y distintas a las del diccionario, acumula adjetivos sin una clara necesidad estilística y pone, como muestras de originalidad, algunas incoherencias semánticas o de concordancia.
Lo primero que se advierte en esta biografía de Manuel Veiga, desde el primer capítulo, es la acumulación de elogios, loas, alabanzas y reconocimientos personales que el autor prodiga en cada una de sus páginas al biografiado, calificándole de “…gran erudito de probada solvencia intelectual.” “…Voluntarioso y dinámico…” Con “…su tenacidad, su empuje y su férrea voluntad…” o “su voz llena y bien timbrada…”
Incluso en un “Prólogo” de iguales características y estilo, debido a Fernando Ayala, se le califica de “ egregio extremeño” (¡¡). Todo lo cual se explica por la notable afabilidad personal de Manuel Veiga, que supo cultivar la amistad de gran cantidad de paisanos, que se han volcado después en loas y panegíricos a la hora de su fallecimiento.
También destacan las numerosas y amplias referencias a las películas que veía (?), a los libros que leyó de niño (?), a las canciones que escuchaba de joven (?) y a otras reiteraciones y pasajes tópicos y manidos que afectaban a todos los habitantes del planeta en aquellos tiempos, y que nada tenían que ver con la vida de su biografiado. Lo que hace sospechar que el autor las utiliza profusamente para rellenar páginas y dar volumen a su obra.
Las fuentes documentales y bibliográficas que utiliza el autor son escasas y pobres. Se basan, esencialmente, en sus conversaciones con el propio interesado o con sus colaboradores más directos, mantenidas personalmente. También en algunas entrevistas publicadas en los periódicos locales: El “HOY” de Badajoz o el “Extremadura” de Cáceres, hechas por conocidos periodistas al entonces Presidente de la Diputación o de la Asamblea de Extremadura, y en las publicaciones y artículos escritos por Veiga, en los que dejó reflejada su ideología, sus opiniones sobre los personajes que iba conociendo y sobre el pasado republicano del Cáceres, en el ya reseñado libro sobre el fusilamiento del alcalde Antonio Canales; libro que, en su día, no fue muy bien recibido por la propia familia del viejo alcalde socialista. (Al menos, así lo hicieron notar cuando presenté esta publicación, junto al fiscal Enrique Sena, en el Aula Cultural de la Caja de Ahorros ).
Sorprenden algunas imprecisiones históricas o biográficas, debidas quizá a la premura con que se redactó la obra, al calificar a Manolo Veiga de “auténtico pura sangre” y “paisano de Santa Teresa”, que atribuye a uno de sus panegiristas en el Diario “El Mundo”; también cuando subraya que en 1948 tenía diez años, cuando en el capítulo correspondiente constató su nacimiento en 1936; o cuando al hablar del Instituto de Badajoz lo ubica en el antiguo Seminario de “San Antón” ( y no San Atón, que es como se llamaba).
En fin: nunca fue Catedrático de Derecho Romano ni adquirió el edificio de la Diputación Provincial, como se insinúa en la pag. 207. Cuando se cambiaron las calles de Cáceres, no solamente se hizo con la del “Generalísimo Franco” – que pasó a ser “Pintores” – sino con otras varias, como la Plaza “General Mola” – Plaza Mayor – la Calle “José Antonio Primo de Rivera”, que paso a su nombre tradicional de calle “Barrio Nuevo”, etc.
El noviciado de jesuitas, adjunto a la iglesia de La Preciosa Sangre nunca se ha llamado edificio “San Jorge”, y podríamos seguir con este capítulo de precisiones y recomendaciones si no fuera ya tedioso y reiterativo.
Una vez subrayado lo que creemos que “sobra” de la biografía de Manuel Veiga, vamos a enumerar brevemente lo que falta, que también es interesante: Se pasan muy de corrido las importantísimas “Exposiciones” llevadas a cabo por la Institución “El Brocense” sobre “La Pintura del Renacimiento” en Extremadura. “La Pintura del Barroco”, con el mismo formato e intención. “El Arte en las civilizaciones Americanas”; “El Juguete en el siglo XX”, etc.
Tampoco se insiste en la importancia de los libros de notoria calidad y presentación que patrocinó siendo Presidente Provincial, aunque el hecho de figurar como “Coordinador” no quiere decir que interviniera en nada para su preparación: “Cáceres en Blanco y Negro”, “Cáceres, Tierras y Pueblos”, “Cáceres Patrimonio de la Humanidad”, etc., que fueron realmente obras de arte.

MCQ.

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MORALES, Alberto: Las Cartas (2011). “Publicep Libros”. Humanes de Madrid.

En una breve narración de 142 pags. el autor desarrolla una sencilla “èntènte a trois”, en la que plantea, con un estilo llano, intimista y reflexivo, los amores de dos mujeres con el protagonista masculino, en los que se van enredando idas y venidas, visitas y conversaciones, pequeñas intrigas y descripciones, que hacen de la lectura de esta novela, ya de por sí muy corta, algo pesada y farragosa.
Como dice el propio autor, a través de uno de sus personajes… “Pues se lo explicaré con más amplitud: la historia es simplona, aburrida y previsible; y, además, los protagonistas no tienen ningún atractivo..” Refiriéndose, por supuesto, a otra obra escrita por el protagonista de esta, pero que es perfectamente aplicable a la novela que estamos reseñando; ya que, efectivamente, el lenguaje es de lo más “plano” y corriente, los personajes y las situaciones tampoco cuentan con relieve u originalidad, y el argumento es tan vulgar que no podemos considerar a este libro como literariamente meritorio.
De todas maneras, Alberto Morales ha aprovechado su pequeño relato para plantear la crítica y análisis de toda la novelística actual; y éste sí que es interesante. Analiza agudamente el proceso de “fabricación” de los “bestsellers” por parte de las Editoriales. Los “trucos” de los “escritores de éxito” utilizados y repetidos constantemente con intrigas, misterios, sorpresas inesperadas y otras maneras de “hipnosis literarias” en libros de brujería, de ultratumba, de novela negra o de simple trasposición histórica de las narraciones de crímenes y pasiones.
En este sentido, hay páginas de “Las Cartas” que son de indiscutible interés y muy ilustrativas, que deberían recogerse en un “Manual del escritor novel”, para que tuviera en cuenta los recursos u amaneramientos que hacen a los libros “thrilers” sangrientos, particularmente intrigantes – aunque poco emocionantes – , superficiales y atractivos.
En realidad, se podría considerar a esta publicación como una crítica negativa, velada y disimulada, tras un argumento muy simple, de toda la narrativa que hoy se expone en los escaparates y se anuncia en la Televisión.
MCQ.

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MASA MURIEL, Esther: Los niños siguen preguntando por el cielo. Poemas sobre el cielo sobre la tierra. (2011) Madrid. D. Biblioteca Nueva, S.L.

En un breve y ligero poemario de 45 páginas, Esther Masa ha encerrado dentro de sus versos toda la sensibilidad, transparencia y delicadeza que se puedan traducir a palabras, acerca de los más profundos sentimientos que flotan en su consciencia de poeta.
Los niños y el cielo, que figuran en el título de la obra, no son más que lejanas referencias entrañables al Paraíso o a los angelitos que le habitan, y a ese sentido místico, imaginativo o mágico que todos conservamos de los cuentos de la infancia.
Pero, en realidad, las vibraciones y ecos más profundos de su espíritu – las que ha querido convertir en estos delicados versos – responden a la tristeza perenne por la temprana pérdida de su madre, a la que dedica las estrofas más hondas y sentidas de su poemario; y a la policromía viva y sorprendente del mundo, nacida de la paleta, rica y luminosa de su padre José; incluso, también, al sentido trascendente del tiempo, de su vivencia, de su propia contemplación, que se traduce en el “Vivo sin vivir en mí…” que tanto inspiró y desesperó a los poetas místicos de la religiosidad hispana.
Efectivamente, en los versos de Esther se entrecruzan la mística y el ensueño: el recuerdo nostálgico de lo irremediablemente perdido, y la pasión por el presente, en el que “…los niños siguen preguntando por el cielo…”
Verdes, azules, grises,
cuentan que la ensoñación
es posible, cuentan que,
como los colores del cielo…
efímera es nuestra vivencia….

MCQ.
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RAMOS RUBIO, José Antonio: “Trujillo: Patrimonio histórico y cultural” (2011). Badajoz. “SENDEROS DE EXTREMADURA” Revista de promoción turística. Nº 52: noviembre del 2011 a abril del 2012.

En un extenso artículo, ilustrado con bonitas y sugerentes fotografías de varios monumentos y panorámicas urbanas de esta notable ciudad extremeña, el autor describe someramente algunos de los edificios, palacios y caserones solariegos más notables de su casco monumental, comentando también la importancia histórica de sus poseedores en el pasado.
Para ello recurre a diversos tópicos, leyendas y “lugares comunes” de los más manidos, repetidos y devaluados, que suelen aparecer en las “Guías Turísticas” de menor calidad; deslizando en su redacción errores e inexactitudes de grueso calibre que “pintan mal” en la pluma de un conocido Licenciado en Historia por la Universidad de Extremadura, Doctor en Arte y miembro de número de la Real Academia de las Letras y las Bellas Artes de Extremadura.
La revista en la que se publica este artículo: “Senderos de Extremadura” (Badajoz), no es, por supuesto, una revista especializada ni científica; posiblemente sólo se edita como promoción turística de nuestra región. Pero, el autor del trabajo no debe olvidar ni menospreciar que su condición de Doctor y de Académico, son títulos de muy alta consideración universitaria, y que confieren carácter personal y vitalicio a quienes les han sido conferidos.
Pueden sobreentenderse algunas imprecisiones del lenguaje, como que Trujillo, por su situación, …”pertenece a las dos grandes cuencas fluviales de España.” Cosa que evidentemente no es cierta, ya que no está entra las cuencas del Duero y de Ebro, que sí son las grandes cuencas hidrográficas de nuestro País.
Pero, lo que no cabe afirmar, por muy amante que sea de su pueblo el Sr. Ramos Rubio, es que “..los Reyes Católicos tuvieran a Trujillo como Capital de su Corte…” O que “en el reinado de los Reyes Católicos, Trujillo era capital de la Provincia de Extremadura”. Pues un Doctor en Historia sabe, sin duda, que la Provincia de Extremadura se creó en el siglo XVIII, con los Decretos de Nueva Planta de Felipe V de Borbón; y lo que se cita en los “Recuentos de Vecinos” o en los “Encabezamientos de Alcabalas” de los siglos XV y XVI, es a la “Provincia de Trujillo” o a la “Provincia de León de la Orden de Santiago”.
Por ningún lado aparece la palabra “Extremadura”. En cambio, sí que es notable – aunque este autor ni siquiera lo menciona – que Trujillo fuera cabeza de un amplio “Corregimiento” de los cuatro en que se administraba todo el territorio: Badajoz, Cáceres, Plasencia y Trujillo.
Otro tópico inadmisible, cuando se intenta explicar la historia regional y nacional, es que …”En el Palacio de Luis de Chaves dijeron y escribieron los monarcas católicos: Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando”… Y que: “.. .. En este acuerdo se habían sentado las bases de la Unidad de España: se había gestado la Hispanidad”.
Bueno; estas afirmaciones tan gratuitas e infundadas ponen de manifiesto el extraño desconocimiento que el autor tiene de la Historia de España, y de la de Trujillo. Primero, porque el “motete” o leyenda heráldica “Tanto Monta” – sin más aditamentos ni circunvoluciones – le adoptó Fernando de Aragón para su enseña o estandarte, junto al yugo atado con una soga, asesorado por su cronista y consejero Pedro Mártir de Anghiera y por Antonio de Nebrija, que eran humanistas de reconocido prestigio, basándose ambos en la leyenda de Alejandro Magno ante las puertas de Gordium y el famoso “Nudo Gordiano”. Todo lo demás que aparece en este artículo fueron “invenciones” de los falangistas para justificar históricamente la “Sagrada Unidad de España”, igual que la peregrina idea de la “Hispanidad” – quizá inventada por Maeztu o por Pemán – para recuperar prestigio entre los países latinoamericanos.
Doña Isabel y Don Fernando nunca pensaron en llevar a efecto la “Unidad de España”. Isabel fue siempre la reina de Castilla, con sus fronteras y territorios. En su testamento y en las “Ordenanzas” para el Nuevo Mundo lo puso bien de manifiesto: Solo los castellanos, sus súbditos, podrían ocupar aquellas islas, y el Reino de Castilla quedaba en herencia para su hija Juana; y no para su marido, que era Rey de otros Estados, y llegó a casarse de nuevo con doña Germana de Foix para dar un heredero distinto a sus reinos de territorios.
¿ Donde quedaba la tan traída y llevada “Unidad de España ‘?.
Estos monarcas nunca figuraron como los Reyes de España; así que Trujillo no pudo ser nunca “..la primera Capital de España…” lo dijera el señor Antonio Vargas Zúñiga, o cualquier otro.
En 1476 se unificaron en la Cortes de Madrigal de las Altas Torres las distintas y dispersas “Hermandades” que dependían de cada uno de los Concejos castellanos; creando entonces los citados Reyes Católicos la “Santa Hermandad”, que tendría jurisdicción en todo el reino castellano. Tampoco pudo ser cierto que el Cardenal Cisneros creara en 1526 “la fuerza conocida por Los Pardos para el respeto y la defensa interior de España”; simplemente porque en esa fecha el referido Cardenal ya había muerto diez años antes. Desconocemos de dónde ha sacado el autor la existencia de la tal “fuerza”.
Podríamos continuar enumerando y subrayando frases o afirmaciones que el Sr. Ramos Rubio ha deslizado en este texto, y que distorsionan bastante la verdad histórica de tan gloriosa ciudad; todo por repetir y reiterar viejos tópicos ya desechados, sin base documental. Lo mismo que ocurre frecuentemente en las “historias locales” de numerosas villas y ciudades extremeñas, que se basan más en las manipulaciones del pasado realizadas durante el trasnochado “Antiguo Régimen” que en las publicaciones actuales de libros y revistas de mayor crédito; y la la Universidad y la Academia deberían ya desterrar de la Historia Oficial.

MCQ.
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